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LA TUTORIZACIÓN DE CURSOS ONLINE Y LA DIVERSIDAD
(De cómo ser tutora a través de internet y no morir en el intento)
Auxiliadora Sales Ciges
Universitat Jaume I
1. LAS TAREAS DEL TUTOR
Tras la experiencia como tutora de varios cursos a través de internet, me gustaría compartir con vosotros algunos de los aspectos y factores que hemos de tener en cuenta a la hora de emprender la formación abierta y a distancia, si queremos que sea eficaz y realmente interactiva. En todo caso, la reflexión sobre la propia práctica, sirve como punto de partida para mejorar la calidad de nuestra labor formativa.
La tarea de tutorización de los cursos online consiste básicamente en hacer un seguimiento día a día del trabajo de los participantes o estudiantes y, aunque comparte en muchos aspectos las funciones de un tutor presencial, algunas de sus tareas cotidianas son específicas y condicionadas por el entorno de comunicación en el que se desarrollan este tipo de cursos. Podríamos citar aquellas tareas que normalmente desempeña un tutor a través de internet cotidianamente, para hacernos una idea de cuáles son sus funciones primordiales.
Presentación ante el grupo del curso, sus objetivos y modo de trabajo
Resolver las posibles dudas surgidas de la lectura de los materiales didácticos o en la realización de las actividades
Animar a la participación de todos, en especial a aquellos que tienen más dificultades para realizar las actividades, para manejar el entorno o disponibilidad para conectarse asíduamente
Hacer valoraciones individuales y globales de las actividades realizadas
Revisar las actividades elaboradas por los participantes y apuntarles sugerencias o posibles mejoras en su trabajo
Abrir, animar a la participación y cerrar los debates, foros o simposia desarrollados durante el curso
Mantener un contacto contínuo con el resto del equipo docente y administrativo para la coordinación de actuaciones y la información actualizada sobre el desarrollo del curso y la participación del grupo
Animar la participación en los espacios informales del campus a través de internet en aquellos momentos en los que pueda decaer, para mantener un espacio de socialización extraacadémica que propicie un clima de grupo agradable entre los participantes
Organizar el trabajo en grupos y facilitar la coordinación entre sus miembros, recordando la importancia de la colaboración entre ellos.
Desarrollo de una evaluación formativa y contínua tanto de los aspectos conceptuales como de los actitudinales, a nivel individual y grupal
Como podemos apreciar, en este breve repaso de las tareas tutoriales, la función social y organizativa del tutor es un elemento fundamental de su labor formativa y en algunos momentos del curso puede llegar a ser crucial para el éxito del mismo, puesto que los factores motivacionales están jugando un papel decisivo en el desarrollo de este tipo de cursos, pensados mayoritariamente para la formación de adultos.
2. ACTIVIDADES QUE SE PUEDEN REALIZAR
Puesto que la función social y organizativa es básica para un tutor online, el tipo de actividades que plantee en sus cursos van a marcar el estilo y ritmo del curso y crearán un determinado clima de aprendizaje como consecuencia del tipo de interacción que se establezca entre el tutor y los participantes y, cómo no, la que también establezcan entre sí los propios participantes. Por eso, es tan importante la buena planificación y programación previa de los cursos online, porque en éstos no cabe la improvisación, o al menos, tiene un espacio muy reducido si la comparamos con la formación presencial.
A modo de ejemplo, podemos plantear, a grandes rasgos, distintos tipos de actividades que el tutor online puede proponer para sus cursos:
Actividades de presentación: no podemos olvidar la importancia que tienen las fórmulas sociales de presentación tanto en los cursos presenciales como a través de internet. Así pues, bien se haga de un modo u otro, cualquier curso a través de internet debe comenzar con alguna actividad de presentación tanto del equipo docente como de los participantes al curso. El modo más o menos formal de la actividad dependerá del carácter que queramos imprimir desde un principio a cada curso o de las características de los participantes. En cualquier caso, es importante romper el hielo y acercarse al grupo, conocer sus expectativas y crear un clima propicio de aprendizaje.
Actividades de recuperación de información: una de las actividades fundamentales de la formación online es aprender a buscar y seleccionar el gran contingente de información que la red puede ofrecer a todo aquel que se adentre en ella. Más allá de los materiales didácticos que el equipo docente haya preparado, los participantes pueden tener a su disposición muchos más datos y contenidos, si saben cómo buscarlos y recuperarlos para su uso didáctico.
Actividades de análisis crítico: pero la información no siempre se convierte en conocimiento. Para que esto ocurra es necesario que cada participante analice reflexivamente esa información, aportando sus ideas, dudas y sugerencias sobre el tema y reelaborándola desde su propia perspectiva y valores. Sólo cuando ese contenido cobra significado para el estudiante podemos decir que está aprendiendo, de lo contrario se limitaría a memorizar información sin llegar a comprenderla.
Debate: Si bien las anteriores actividades pueden realizarse individualmente, es importante que haya un contraste de ideas y opiniones, puesto que el aprendizaje es un fenómeno social y sólo desde la interacción y el intercambio con los demás llegamos a él. Por eso el debate debe estar siempre presente en la programación del curso como parte esencial del desarrollo no sólo de los conceptos sino también de los procedimientos y actitudes propias de la formación.
Actividades en grupo: una de las claves metodológicas de la formación online es el aprendizaje colaborativo, por lo que las actividades en grupos cooperativos son el punto central de un modelo formativo interactivo, flexible y autónomo. El tutor se convierte en facilitador y dinamizador y los participantes asumen la responsabilidad de su propio aprendizaje. Dada su importancia didáctica y educativa, desarrollaremos especialmente este aspecto con más detalle en el siguiente apartado.
Actividades de evaluación: a lo largo del curso se debe ofrecer la posibilidad a los participantes de dar una valoración sobre los contenidos y actividades que se van proponiendo, al igual que se propician las actividades de autoevaluación individual y de equipo. Su objetivo fundamental es que cada uno pueda valorar sus progresos y reconocer sus dificultades y posibilidades, permitiendo así una mejor autoregulación del aprendizaje.
EL APRENDIZAJE COLABORATIVO COMO PRINCIPIO METODOLÓGICO
3.1. Características del aprendizaje colaborativo
Para definir el aprendizaje colaborativo, podríamos señalar algunas de sus características fundamentales:
El aprendizaje se basa en actividades de grupo, en las que se da una interdependencia positiva entre sus miembros, es decir, que se necesitan unos a otros. Cada miembro del grupo es responsable no sólo de su aprendizaje sino también del de sus compañeros.
Cada miembro del grupo tiene la responsabilidad de aportar su trabajo al producto final, por lo que se requiere de la implicación activa y la responsabilidad individual de todos los componentes del grupo.
El liderazgo del grupo es compartido, todos los miembros tiene un papel fundamental y una función o rol dentro del grupo.
El aprendizaje colaborativo requiere destrezas y habilidades sociales de comunicación y negociación necesarias para la organización y desarrollo de las tareas en grupo.
El tutor es un facilitador de los procesos de organización y funcionamiento de los grupos de trabajo y un dinamizador de su actividad autónoma.
Los grupos se establecen favoreciendo la diversidad y heterogeneidad de sus miembros en todos los aspectos, para que el aprendizaje sea más enriquecedor.
El tutor no es la única fuente de información y conocimiento, sino que promueve actividades de búsqueda de nuevas fuentes y recursos.
Las actividades de aprendizaje se centran en la experimentación, la búsqueda y evaluación de información, la discusión y la resolución de problemas en grupo, es decir, en actividades que implican “aprender a aprender”, más que la consolidación de un conjunto de conocimientos ya elaborados.
Principios didácticos
Una vez definido el aprendizaje colaborativo, podemos establecer algunos principios didácticos que el tutor a través de internet deberá tener en cuenta a la hora de plantear las actividades en grupo para sus cursos online. Vendrían a ser como las directrices generales que pueden guiar el trabajo de programación y desarrollo de los contenidos:
Diversificar las perspectivas, contenidos, modelos culturales y materiales que se ponen a disposición del participante, para propiciar el aprendizaje teniendo en cuenta la diversidad de intereses, necesidades y experiencias de los mismos.
Diseñar actividades basadas en la cooperación que favorezcan la interdependencia entre los participantes, desarrollando tanto la empatía como la autonomía.
Favorecer la implicación activa de los participantes en su propio aprendizaje, partiendo de sus conocimientos previos.
Desarrollar el pensamiento crítico, mediante el análisis crítico y creativo de la información.
Aprovechar los recursos del medio, del entorno sociocultural, valorando como positiva la diversidad.
Establecer procesos y espacios para la comunicación y el diálogo que permitan el contraste de ideas y actitudes y favorezca la construcción colectiva del conocimiento.
Favorecer la responsabilidad de cada persona ante su propio aprendizaje, mediante la autoevaluación como seguimiento de sus progresos y la búsqueda de nuevas estrategias.
Ventajas del aprendizaje colaborativo
La utilización de estrategias de aprendizaje colaborativo en la formación a distancia ha demostrado, en distintos ámbitos educativos, tener ventajas considerables respecto a otros tipos de metodologías más individualistas y directivas. Estos son algunos de los beneficios que proporciona a los participantes el aprendizaje colaborativo:
Favorece la capacidad de resolver problemas de forma creativa, a partir de estrategias de negociación y mediación y la búsqueda cooperativa de alternativas.
Proporciona oportunidades para aprender a “ponerse en el lugar de otros” y genera empatía hacia los compañeros. No sólo se aprenden conceptos, sino también actitudes y valores.
Genera un clima de aprendizaje basado en la distribución equitativa de roles, el respeto, la participación y la cooperación.
Proporciona oportunidades de éxito a todos los participantes, por lo que mejora el rendimiento y la autoestima que, a su vez, repercute en una mayor seguridad y compromiso con el grupo.
Mejora las relaciones interpersonales en grupos heterogéneos, puesto que la diversidad se valora positivamente. Permite reducir estereotipos y prejuicios entre distintos grupos socioculturales, ya que los compañeros son percibidos como fuente de aprendizaje y no como competidores para alcanzarlo.
Mejora la motivación y las actitudes hacia la materia de estudio, hacia la figura del tutor y hacia la función de la institución formativa.
Favorece estrategias y procesos mentales de alto nivel que suponen un reto tanto intelectual, afectivo como conductual para el participante.
Dificultades a tener en cuenta y posibles soluciones
Si bien es cierto que el aprendizaje colaborativo tiene muchas ventajas y posibilidades frente a otros enfoques metodológicos, su aplicación en los procesos de formación a distancia requiere tener en cuenta una serie de factores que pueden influir positiva o negativamente, es decir, bien potenciando sus ventajas o generando limitaciones si no se atienden convenientemente. Cualquier tutor que se decida a desarrollar estrategias colaborativas en sus cursos debería considerar los siguientes aspectos:
La contrucción y organización de los grupos es un punto clave para su posterior funcionamiento: debemos asegurarnos de que los participantes no sólo desarrollan las actitudes y valores adecuados para el trabajo colaborativo, sino que también reconocen y tienen en cuenta sus propios procesos internos y hacen los ajustes necesarios. En ocasiones el trabajo en grupo no funciona por la falta de habilidades y estrategias de comunicación y negociación de sus miembros. Es conveniente garantizar un periodo de rodaje y habituación a la dinámica en grupo hasta que éste adquiere seguridad y autonomía en su funcionamiento.
Puede que el tutor plantee la metodología de su curso basándose en el aprendizaje colaborativo, es decir, proponiendo a los participantes actividades a realizar en equipo. Sin embargo, acostumbrado a dirigir y controlar su trabajo, se convierta en una actividad demasiado directiva bien porque el tutor estructure en exceso el tipo de tareas o bien porque intervenga con demasiada frecuencia en la organización interna del grupo. Por un lado, se resta autonomía al grupo y por otro, los participantes pueden llegar a percibir que no se confía en ellos y que se valora poco el trabajo colaborativo. Es conveniente dar pautas de organización y tareas en un principio, tratando de dar una autonomía progresiva al grupo de aprendizaje.
Trabajar en grupos colaborativos heterogéneos significa atender de forma positiva la diversidad, así pues el tutor tendrá especial cuidado en evitar posibles prejuicios y estereotipos hacia los participantes y entre ellos mismos. En muchas ocasiones, y de manera inconsciente, transmitimos en nuestros comentarios y valoraciones de su trabajo expectativas negativas hacia determinadas personas, lo que influye negativamente en su participación y motivación respecto al grupo y a la tarea a realizar. Es conveniente valorar la aportación de todos los miembros del grupo y animar a pedir ayuda a los demás cuando se necesite.
Puede ocurrir que el tutor, tratando de favorecer la autonomía del grupo en su organización, prefiera dejar que sean sus propios miembros quienes generen sus propias funciones y normas internas para trabajar. Pero si los participantes no se conocen bien o están poco habituados a trabajar en grupo pueden tener serias dificultades para iniciar la actividad y el bloqueo inicial puede desorientarles demasiado y desmotivarlos. Para garantizar el funcionamiento eficaz y la participación de todos los miembros del grupo es conveniente establecer roles específicos dentro del grupo, de manera que se distribuyan equitativamente las tareas y todos cumplan un papel importante en el equipo.
El aprendizaje colaborativo exige la realización de actividades de alto nivel cognitivo: buscar y evaluar información, tomar decisiones, relacionar ideas, hacer críticas constructivas, aplicar conocimientos, analizar y sintetizar, etc. En ocasiones, algunos miembros del grupo pueden participar de forma superficial en las decisiones colectivas, mostrando su conformidad o su desacuerdo con las decisiones tomadas por otros sin aportar ideas nuevas reelaboradas o alternativas. Como tutores debemos asegurarnos de que todos los miembros del grupo participan y lo hacen poniendo en práctica todas sus estrategias de aprendizaje.
El trabajo en grupo colaborativo supone un ritmo de aprendizaje diferente al aprendizaje individual. A la hora de temporalizar un curso basado en estrategias metodológicas colaborativas no sólo deberemos tener en cuenta la dificultad de las actividades propuestas, sino también el tiempo que cada grupo necesita para organizarse, tomar decisiones y llegar a acuerdos. Además cada grupo puede llevar un ritmo de trabajo diferente, por lo que deberemos ser flexibles cuando establezcamos un calendario de fechas límite para presentar las tareas. Sin obviar esta flexibilidad, hay que decir que es conveniente tener previsto este calendario para facilitar también la organización interna de los grupos.
4. LA FORMACIÓN A TRAVÉS DE INTERNET EN LA PRÁCTICA: LECCIONES APRENDIDAS
Después de haber considerado las tareas y funciones de la tutorización online y la posibilidad de utilizar un tipo de metodología activa y colaborativa, no estaría de más terminar con algunos apuntes sobre las pequeñas o grandes lecciones que se van aprendiendo en el camino y que permiten esa reflexión sobre la práctica de la que hablamos al principio. Veamos algunos de ellos.
4.1. Motivación y diversidad de los participantes
Puede suceder con demasiada frecuencia que los participantes se matriculen en algún curso sin tener referencias claras sobre su desarrollo o incluso, aunque es menos probable que ocurra, sin conocer su contenido, lo que puede hacer que sus expectativas sean difusas. En estos casos, se suele tener como referencia de un curso a distancia aquel que está basado en materiales didácticos, bien impresos bien online, con una participación individual a ritmos diferentes, sin una conexión sistemática o sin necesidad de comunicación con el resto de participantes más que en momentos puntuales del curso. Este es un modelo más cercano a los cursos por correspondencia tradicionales. Cuando el curso se centra en el principio pedagógico de la importancia de la interacción entre el tutor y los participantes y de estos entre sí, se hace necesario un seguimiento contínuo y casi diario de las actividades, lo que implica que en las actividades en equipo algunas personas tengan dificultades para seguir el ritmo de su grupo de trabajo.
Otro aspecto relacionado con el anterior y que influye también en el éxito del curso, es la gran diversidad de bagaje formativo y profesional de los participantes. Esta diversidad se refleja también en el trabajo en equipo y hay que tenerla en cuenta a la hora de plantear las actividades que exigen un proceso complejo de toma de decisiones y acuerdos entre los miembros del mismo, puesto que puede producir conflictos internos, inhibiciones por parte de aquellos que se consideran menos capacitados o el monopolio por parte de algún miembros de la organización y desarrollo del trabajo. Para evitar estas dificultades que distorsionan la cooperación, el tutor necesita intervenir sugiriendo nuevas formas de organización y reparto de tareas en el grupo, para garantizar que todos y cada uno de sus miembros aporte ideas y colabore con el proyecto común. Este reparto de roles dentro del grupo facilita la colaboración, especialmente en los procesos iniciales de negociación.
La disparidad de expectativas hacia el curso también influyen en las relaciones interpersonales. La participación en los espacios informales de comunicación, puede tener momentos álgidos, cuando todos desean darse a conocer a los demás. Pero pasado este momento, la participación tiende a reducirse a unas cuantas intervenciones provocadas fundamentalmente por algún comentario o sugerencia realizada por el tutor o algún participante. En este tipo de espacios suelen participar habitualmente las mismas personas, generalmente aquellas que muestran también gran interés y dedicación a las actividades desarrolladas, y son muy receptivas tanto a las propuestas del tutor como de los demás compañeros. Una de las tareas fundamentales aquí hace referencia a la función social de la tutorización y a la importancia que tiene la cohesión del grupo para el clima de trabajo. Crear espacios de comunicación informales que permitan descargar tensiones y distender el ambiente es esencial para el desarrollo académico del curso.
4.2. Tutorización en grupo y atención individualizada
La tutorización de un curso online con una metodología activa requiere atender diariamente las demandas de los participantes. Cuanto más intensivo es el curso, más trabajo de tutorización exige cada día, cuando más extensivo más días de conexión supone. Teniendo esto en consideración, se temporalizan las actividades con un ritmo de trabajo común, pero lo suficientemente flexible como para facilitar el trabajo a diferentes ritmos, según la disponibilidad de cada participante.
Así pues, la tarea tutorial puede implicar un par de horas diarias como mínimo y supone un mayor esfuerzo y dedicación de tiempo que un curso presencial, ya que el tiempo de dedicación se multiplica según el número de participantes del curso. Esto se debe a que lo que puede resolverse en un curso presencial con un comentario general de dos minutos o una revisión de un trabajo individual en el momento en que se está realizando, en un curso a través de internet este proceso es mucho más costoso. Se deben leer todas las intervenciones con atención y hacer un comentario personalizado a cada participante, además de animar al grupo y hacer valoraciones o sugerencias globales para todos.
Cualquier acción, comentario o propuesta debe ser redactada con cuidado y ubicarla en el espacio y tiempo adecuados. Esto hace que todo deba ser planificado y reflexivo, tanto para los participantes como para el tutor.
Sería impensable en un curso presencial, darle una atención tan individualizada a los alumnos, puesto que la disponibilidad supuesta al tutor a través de internet es permanente, a cualquier hora y todos los días. Esto permite un seguimiento mucho más detallado y personalizado de las tareas y necesidades de cada uno, pero también exige una mayor inversión de tiempo para la tutorización del curso. En ningún caso se debe infravalorar el tiempo de dedicación a este tipo de cursos, tanto por parte del tutor como de los participantes, quienes también deben ser conscientes de la dedicación que requieren.
4.3. Comunicación a través de internet: expresión escrita
Sobretodo aquellos participantes que es la primera vez que realizan un curso a través de internet pueden mostrar menos habilidades y soltura en la comunicación mediada por ordenador. A menudo, personas con cierta fluidez en la expresión oral, reconocen sus dificultades para expresar sus ideas de forma escrita. El entorno a través de internet implica un estilo más reflexivo de expresión y pensamiento, que inhibe o cohibe a aquellas personas no habituadas a este modo de comunicación. Esta dificultad se percibe tanto en los espacios informales de comunicación, incluidos los de comunicación en tiempo real, como en la realización de las actividades, en especial en el debate y en la comunicación con tutor. Esto puede evidenciarse, por ejemplo, en la resolución de dudas a lo largo del curso. Quizás en un contacto directo con el tutor favorezca expresar estas dudas de manera más informal. El hecho de tener que redactar un mensaje claro y concreto sobre las dudas o dificultades, hace que muchas personas decidan no formularlas.
La comunicación entre el grupo no es tan espontánea e informal como en un curso presencial y quizás esto provoca la inhibición en la participación en los foros compartidos de algunas personas que se sentirían más cómodas para intervenir cara a cara. La comunicación basada en el texto escrito elimina muchos de los componentes de la comunicación no verbal y puede generar cierta insensibilidad social ante los sentimientos y afectividad de los demás; y esto, a su vez, dificultar también la toma de decisiones, completar una tarea o llegar a un consenso entre los participantes.
Una de las tareas del tutor, será dar pie a esta comunicación informal entre el grupo, proponiendo chats en tiempo real o sugiriendo temas de conversación en el foro, para provocar la reacción del grupo, sin llegar a tener demasiado protagonismo en estos espacios, propiciando mayor autonomía entre los participantes para crear sus propios códigos de comunicación y relación social.
De cualquier forma, los factores que influyen en la comunicación son muchos y tienen relación tanto con las motivaciones de cada uno, con la diversidad del grupo y con las habilidades personales de comunicación. Por otra parte, no deberíamos “mitificar” la comunicación presencial frente a la a través de internet, puesto que en muchos casos la interacción entre tutores y participantes en un curso presencial no es tan intensa y cálida como puede llegar a serlo en determinados momentos de la formación a través de internet, sobre todo cuando los grupos son muy numerosos.
4.4. Desarrollo de los contenidos
A la hora de planificar y programar los contenidos de un curso online es evidente que debemos considerar las características de los destinatarios. A partir de sus necesidades desarrollaremos un curso de iniciación más general y de iniciación o un curso especializado más restringido. De cualquier modo, en unos u otros deberá tenerse en cuenta la heterogeneidad de los participantes. Por muy concreto que sea el tema y muy acotado el mercado al que va dirigido, las personas que se matriculen siguen teniendo motivaciones, expectativas, intereses y capacidades distintas, por lo que no podemos plantear un curso con excesiva rigidez en el planteamiento de los contenidos.
En toda buena planificación deberían contemplarse varias vías de acceso para cada contenido o bien alternativas de ampliación y profundización sobre el tema para los participantes que lo deseen o lo necesiten. No quiere decir esto que deban ser todos “cursos a la carta”, sino que un curso planteado para un tipo determinado de participantes pueda dar respuestas diversificadas ante la heterogeneidad, sin perder la coherencia ni la unidad de diseño. De lo contrario, podemos perder por el camino a aquellos participantes que se desmotivan por la rutinización de las tareas o por la excesiva complejidad de las mismas. O aquellos otros que desearían en momentos y aspectos concretos profundizar más o recibir información más práctica.
Si esta flexibilidad en el desarrollo de los contenidos no se tiene prevista de antemano, el tutor puede verse desbordado por las demandas de los distintos participantes y la improvisación en estos casos puede convertirse en un “parcheo” poco preparado y mal resuelto que deje la sensación de falta de profesionalidad. Aunque también puede suceder, que los participantes, por falta de tiempo y disponibilidad, no lleguen a reclamar del tutor aquellos contenidos que resolverían sus dudas o le serían más útiles personalmente, lo que genera una dinámica de “mínimo esfuerzo” e insatisfacción que, con un poco de suerte, podemos ver reflejada en la valoración final del curso.
Por lo tanto, el tutor debe explicitar claramente y desde el principio del curso las múltiples posibilidades de diversificación de tareas y contenidos, para que los participantes reconozcan como característica propia del curso su flexibilidad y adecuación a las necesidades individuales. Como contrapartida, se exige un grado mínimo de responsabilidad y compromiso por parte de los participantes que garantice el enriquecimiento del curso en su desarrollo.
4.5. Materiales didácticos vs. interacción formativa
Un curso online basado en la interacción entre tutores y participantes, lo hace más dinámico y ajustado a las necesidades de cada uno y centra el rol del tutor en la dinamización del grupo y en asumir funciones de organización de las actividades, de motivación y creación de un clima agradable de aprendizaje y facilitador, proporcionando experiencias para el auto-aprendizaje y la construcción del conocimiento.
Este tipo de metodología requiere actividades abiertas, donde la corrección no se basa en la reproducción exacta de la información, sino en la creatividad y capacidad de análisis de los participantes y, sobre todo, en un aprendizaje flexible que propiciara la autonomía del participante y su capacidad de colaboración.
Sin embargo, este planteamiento puede desconcertar y desorientar, en cierta manera, a aquellas personas que esperan un curso mucho más cerrado e individualista.
También desde el punto de vista del tutor resulta más difícil valorar y revisar actividades que no tienen una única respuesta válida señalada en los manuales como tal, sino que debe hacer una valoración más subjetiva y personalizada a las aportaciones de cada participante. Para aquellos participantes que se enfrentan por primera vez a un curso a través de internet de estas características metodológicas en el que priman la interacción tutorial y el trabajo colaborativo, puede crear pequeños conflictos iniciales hasta que se comprende y comparte la dinámica de desarrollo.
Por ello, es importante que el tutor explique exhaustivamente las formas de funcionamiento y trabajo, sin dar nada por supuesto y conociendo las ideas previas de los participantes sobre sus expectativas y motivaciones.
Espero que estos apuntes basados en mi propia experiencia no se tomen como lecciones magistrales, sino sencillamente como lo que son, reflexiones personales compartidas sobre la tarea tutorial en un entorno a través de internet.
Mi experiencia me ha servido para analizar los conceptos y procesos fundamentales de la formación en general y considerarlos en su aplicación a la formación online, reconociendo que los retos en este ámbito no son prioritaria o exclusivamente tecnológicos, sino esencialmente pedagógicos. Es obvio que los avances tecnológicos permiten desarrollar nuevos y más variados recursos didácticos, pero poco pueden transformar la formación en la sociedad de la información si los formadores no nos planteamos los fines de nuestra tarea y los procesos pedagógicos que desarrollamos para conseguirlos. Por lo tanto, considero que la tecnología debe ponerse al servicio de la didáctica y no al contrario. De ahí la importancia de que en el diseño de los espacios formativos a través de internet exista una colaboración entre pedagogos y técnicos.
Mi colaboración como tutora en cursos online me ha servido para valorar la necesidad de una formación que promueva la comunicación, la cooperación, la responsabilidad y la autonomía como valores fundamentales en la formación en general y en la a través de internet en particular.
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